23 abr. 2013

Mi fan fic de "Dando la nota". Parte 3

Bueno, aquí vuelvo con el siguiente capítulo de mi fic. El anterior capítulo lo podéis encontrar aquí


Por fin llego a mi habitación, y, cómo no, está mi “súper amable” compañera de cuarto. No, en serio, siempre tiene la misma cara de superioridad. No la aguanto y no llevo ni una semana aquí. Dejo encima de mi cama la bandolera y saco el portátil. Después me pongo los auriculares y sigo haciendo la mezcla que dejé pendiente antes. Bueno, al menos estando cada una a lo suyo no se está tan mal. Mientras no me dirija la palabra la borde de ella, me da igual. Para cuando me quiero dar cuenta, ya son las 21:00. Después de cenar, me voy a la cama, escuchando música, por supuesto, pues no soy capaz de dormir si no escucho música antes.

Al día siguiente, suena la alarma del móvil por la mañana, le doy un manotazo para que deje de sonar, gruño, pues odio madrugar, y me levanto. Odio tener que ir a clase, si yo ni siquiera quería venir aquí en primer lugar. Biip, biip –suena mi móvil. ¿Un mensaje? ¿De quién podrá ser?

Ya está publicada la lista con los nuevos miembros de los grupos a cappella. Está puesta en el tablón de anuncios.

Bueno, pues me pasaré primero a comprobar la lista antes de ir a clase. Al menos si estoy en ella, podré dedicar parte de mi tiempo a cantar en vez de a estudiar las chorradas de mi carrera. ¡Demonios! ¿Por qué elegí Filosofía?
Llego a la zona del tablón de anuncios, y veo un montón de gente arremolinada en torno a una lista. Debe de ser ésa. Ya podían mirarlo rapidito, que tengo clase en diez minutos. ¿Qué hago yo tan preocupada por unas clases a las que voy obligada? Tampoco va a pasar nada si llego un poco tarde.

-¡Bien, nos han cogido! –exclama una chica alta de pelo oscuro, y abraza a su amiga.
-Bah, no estoy en la lista. Ellos se lo pierden –dice un chico, enfadado.

Oigo varios comentarios tanto para bien como para mal, y por fin se va despejando la zona. Me acerco al papel y… veamos, Mitchell… ¡sí, estoy en la lista! ¿Por qué me emociono tanto, si total, es una cosa para pasar el rato? ¿Y por qué me pregunto tantas cosas hoy? Esto de estar dando Filosofía me está afectando.

Después de horas de completo aburrimiento, de tanto Aristóteles y Horacio y la madre que les trajo a todos, salgo enseguida. Necesito respirar. Aún falta un poco para la hora de comer, así que me voy al mismo árbol de ayer. Esta vez me limito a ponerme los cascos, pero sin hacer mixes. Simplemente me tumbo y cierro los ojos, pues tengo un sueño que me caigo.
-¿Qué pasa? ¿Cansada? –pregunta una voz masculina.
-¿Jesse? ¿Qué haces aquí?
-Nada, te había visto y venía a saludar. ¿Has visto las listas?
-Sí.
-¿Sí? ¿Y ya está? Sé que te han cogido para uno de los grupos, Beca. Deberías estar entusiasmada. Pero ya veo que esa emoción no la conoces.
-Me emociono con cosas importantes, esto es sólo un pasatiempo, nada más.
-¿Un pasatiempo? Muchos y muchas matarían por estar en tu lugar. La emoción de la puesta en escena, la energía de todos los miembros del grupo dándolo todo mientras la multitud se emociona… -Jesse se pone casi eufórico sólo de decirlo.
-Ajá… ya veo que tú sí que estás entusiasmadito perdido.
-¡Vamos! ¿No puedes mostrarte ni un poquito más feliz por este gran honor?
-Ya estás bastante feliz tú por los dos –respondo, todavía con los ojos cerrados, aunque habiendo bajado el volumen de mi música.
-Bah, eres un caso perdido.
-Lo que tú digas.
-Bueno, me voy, voy a comer con Benji, mi compañero de cuarto. A él sí que le hace ilusión comer conmigo, porque me respeta, no como otras.
-Pues que os aproveche.
-Adiós –dice él, y se va, dejándome allí tumbada, y vuelvo a subir el volumen de mi iPod.
No han pasado ni cinco minutos, cuando oigo risitas a mi alrededor. Abro los ojos y allí están Chloe y Aubrey.

-¿Qué? ¿De ligoteo otra vez? No pierdes el tiempo, ¿eh? –dice Chloe.
-¡Que ya te he dicho que no es mi novio!
-Vale, lo que tú digas. Aubrey y yo íbamos a ir a comer. ¿Te apuntas?
-Mmm…
-Tenemos ramen de pollo y de ternera.
-¡Vale!
-Ja, ja, ¿te gusta la comida oriental?
-Sí, me encanta.
-Genial, pues ven, vamos a sentarnos con aquellas chicas de allí, que son las nuevas integrantes de nuestro grupo, las Bellas. Así nos conocemos todas mejor.
-Vale, espera que recojo esto –me quito los auriculares y los guardo en mi bandolera, junto con el iPod.

Llegamos al lugar donde está el resto del grupo, en el césped también, solo que no hay árboles. Estamos rodeadas de los grupos de gente que suelo observar cuando vengo aquí.

-¡Anda, así que es a nuestro grupo al que ha entrado esa chica! –digo, refiriéndome a la morena de antes.
-¿Quién? –pregunta Aubrey.
-La del pelo negro largo. La vi antes, cuando iba a mirar la lista.
-Es Stacie. Sí que canta bien, aunque creo que hay que corregir otros aspectos de ella.
-¿A qué te refieres? –pregunto.
-¿Qué más da? ¿Y cómo te acuerdas de ella de verla sólo una vez? –pregunta esta vez Chloe, con un ligero tono de mosqueo.
-No, por nada, sólo curiosidad. Ah, y… es que tengo facilidad para recordar las caras de la gente.
-Será eso… -murmura Chloe en bajo. Hago como que no la he escuchado, pero sé lo que ha dicho y no sé exactamente cómo interpretarlo.
-¡Hola, gente! –saluda una rubia que está algo… oronda.
-Hola –saludo.
-Beca, ésa es Amy la Gorda.
-Oye, no creo que sea apropiado llamarla eso –digo ante la falta de tacto de Aubrey.
-Tranquila, soy yo la que me hago llamar así –responde Amy.
-Oh… -me quedo sin saber qué decir. ¡Qué rara es la gente!
-Y ellas son Lilly, Denise, Cynthia-Rose, y… Stacie –responde Chloe, pronunciando el último nombre como con dejadez. ¿Qué le habrá hecho la tal Stacie a Chloe para que le caiga tan mal?

Todas devuelven el saludo a la vez, y las tres nos sentamos en un hueco que nos dejan.

-Comamos pues –dice Aubrey, como si fuese la jefa y hasta que no lo diga ella no se hacen las cosas.
-Ten, el ramen de pollo. ¿O quieres el de ternera? –me dice Chloe, ofreciéndome el recipiente.
-No, el de pollo está bien. Gracias. ¿Cuánto te debo? –pregunto, pues no voy a ser tan caradura de que me paguen la comida.
-¡Nada! –se acerca a mi oído y me dice –otro día me invitas tú a algo y estamos en paz, ¿vale?

Asiento sonriendo, y cuando voy a coger el recipiente, mi mano roza suavemente la suya. Me pongo nerviosa, pero hago como que no me pasa nada, aunque no estoy segura de si ella lo ha notado. Bah, da lo mismo, voy a comer, que me muero de hambre.

-Que sepáis que aunque cantemos, también vamos a hacer sesiones de gimnasia, porque hay que estar en plena forma –dice Aubrey un momento después.
-Así no pierdo mi fantástica figura –dice Stacie, entusiasmada.
-Así no pierdo mi ñañañaña… -se burla Chloe por lo bajo imitando a Stacie con una voz graciosa. Las demás no la oyen, pero yo sí, y me atraganto con mi refresco.
-¿Qué te pasa? ¿Tienes dificultades para tragar? –dice Amy.
-Pues yo no tengo ninguna, ya me entendéis –suelta Stacie, como si nada.
-¡Aggh, no me seas asquerosa! –exclamo, y parece ser que todas piensan como yo, pues asienten. Después nos echamos a reír.
-Stacie, te agradecería que no soltases ese tipo de comentarios, somos unas señoritas, y menos comiendo –dice Chloe, con un tono muy fino.
-Bien dicho –la apoya Aubrey.
-¡Por favor, chicas, que estamos en el siglo XXI! ¿O qué pasa, que acaso vosotras no…?
-El otro día vi cómo desenterraba mi perro a mi antiguo hámster –dice una vocecilla siniestra. Era Lilly.

Nos quedamos todas en silencio, mirándola, y luego mirándonos a nosotras con  una cara de WTF?

-Por lo menos hemos cambiado de tema, y creedme, prefiero que se hable de mascotas muertas a escuchar lo que se traga Stacie –suelta Cynthia-Rose, con un gesto de negra chunga.
-Pues sí –dice Denise.

El resto de la comida lo pasamos escuchando la interminable charla de Aubrey sobre el honor que supone pertenecer a las Bellas, un grupo con una larga tradición de chicas que cantan canciones pasadas de moda y… hasta ahí dejé de escuchar. ¿En serio pretende que lleguemos a las finales cantando canciones que ni escucha mi abuela ya?
De repente, Aubrey busca en su bolsillo y saca su móvil.

-Escuchad esta magnífica interpretación –dice Aubrey, mientras suena una canción que yo al menos no había oído en toda mi vida–. Es la canción con la que llegamos a las finales el año pasado.
-¿Y ganasteis? –pregunto, sin poder evitar un tono incrédulo.
-No, pero por un desafortunado accidente –dice muy rápido, como si quisiera evitar el tema.
-¿Y qué pasó? –pregunta Amy, con una cara un poco atontada.
-Pues…
-¡Pota Bellaaaaaas! –Exclama una voz de chico–. ¿También va a haber regalito sorpresa este año? No llegaréis ni a la segunda fase con ésa en el grupo –dice un chico moreno, mientras se va con la bici.
-¡Piérdete, Bumper! –responde Aubrey, furiosa.
-¿A qué ha venido eso? –pregunta Cynthia-Rose.
-El año pasado Aubrey… -empieza a decir Chloe, pero Aubrey la interrumpe.
-¡Calla, no hace falta rememorarlo! –dice la rubia, y se pone roja.
-Yo quiero saberlo –dice Amy–.  ¿Qué puede haber tan malo? Perdisteis, pues bueno. Aunque de hacer una mala actuación a llamarnos un grupo vomitivo es pasarse.
-¡No hicimos una mala actuación! –exclama Aubrey, todavía enfadada–. Y tampoco se nos considera un grupo vomitivo, no va por ahí la cosa. Pero como he dicho, no es momento ni lugar para contar el por qué de nuestra racha del año pasado –dice, aunque por su tono deduzco que nunca será ni el momento ni el lugar apropiado.

-¿Sabéis qué? Esta noche comenzaremos la sesión de gimnasia y los ensayos –dice Aubrey. Me da que es como una especie de castigo por preguntarle sobre el tema.
-¿Y a qué hora? –preguntamos varias.
-A las cinco.
-¿Tan pronto? ¡Adiós a mi siesta! –dice Amy.
-¿Siesta? Ja, ja, ja. No habrá más siestas en los días de ensayo, estamos aquí para trabajar, no para hacer el vago –responde Aubrey.

Todas suspiran, con aire resignado, y siguen comiendo.

-¿Y qué canción vamos a cantar? –pregunto.
-La que os he enseñado antes. Si el año pasado llegamos a las finales con ésa, este año también lo haremos. Y esta vez, ganaremos.
-¿Y no podemos cantar una más… marchosa? –sugiero.
-¡Ni hablar! ¡No vamos a echar abajo la tradición de las Bellas! 

Me parece ridículo el empeño por no renovar el repertorio de Aubrey. Es que no me entra en la cabeza cómo pudieron llegar el año pasado a la final. Yo con ésa canción no las dejaría pasar ni de la primera fase.

Y llegaron las 17:00. Espero que no nos machaque mucho Aubrey. Por lo poco que conozco de ella, tiene pinta de ser una marimandona de ésas que exigen mucho.

-¡Vamos, diez vueltas a las gradas! –exclama Aubrey, silbato preparado y cronómetro en mano.
-¡Hala! ¿Pero tú te chutas algo o qué? –exclama Amy, que parece cansada sólo de mirar las gradas.
-Creí que teníamos integrantes que se tomaban en serio el grupo –dice Aubrey en un tono autoritario.
-Sí que me lo tomo en serio. Pero si me da un ataque a la patata, llamas tú a la ambulancia –responde Amy, y echa a correr junto con Stacie.

Todas nos ponemos a correr de dos en dos, aunque siempre hay alguien que se queda atrás, corriendo a su ritmo.

-No se lo tengas en cuenta, en el fondo es buena persona –dice Chloe, que está corriendo a mi lado.
-En el fondo... muuuuy en el fondo, ¿no?
-Ja, ja. Que no, ya verás. Lo que pasa es que se exige mucho, y espera también mucho de nosotras. Hay mucha competitividad, así que es lo mejor.
-Y más si el tal Bumper ése está en otro de los grupos.
-¿Cómo sabes si está en otro grupo?
-El primer día en el campus, antes de que vosotras me hablaseis de si quería unirme a las Bellas, vi un grupo de chicos cantando, y por lo que parecía, él era el líder.
-Entonces es verdad que tienes buena memoria para las caras –dice Chloe, en tono pensativo.
-Sí, es lo que dije. ¿Por?
-Entonces… ¿no es que se te queden las caras de la gente que te interesa mucho?
-No. Bueno, sí, también. Pero me pasa en general.
-Ahh… ¿con Stacie también te pasó por eso mismo?
-Exactamente. Y con la gente a la que más he visto, claro. Por ejemplo, a ti te miro… ¡veo! Mucho -¿qué ha sido eso, Beca? ¡Que te pilla!
-Vale. Qué suerte tienes. Espero que también tengas facilidad para recordar pasos de baile.
-¿Baile? ¡Creí que íbamos a cantar! –exclamo.
-¡Vamoooos, Amy, corre más rápido, que te pesa el culo! –grita Aubrey con todas sus fuerzas a Amy, que ya corre a la misma velocidad que una tortuga en la segunda vuelta.

Chloe se ríe, todas en general, y seguimos a lo nuestro. Está tan guapa cuando sonríe…

-Claro que también hay que bailar, o ¿qué crees, que estamos paradas como un pasmarote cantando mientras miramos al público y ya está?
-Pues…
-¡Hay que hacer algo más, si no sería un muermo!
-No lo había pensado. Es que…
-¿Qué te pasa?
-Es que… no sé bailar.
-¿En serio? ¡Pero si son coreografías! Es aprenderte los pasos y ya está.
-Nunca he participado en una coreografía, no sé qué tal se me da…
-Yo te ayudo –dice.
-Vale –sigo intranquila, pero oye, al menos tengo su ayuda. Eso quiere decir que estaremos más cerquita en los ensayos –pienso, más alegre.
-¿Y ahora por qué sonríes?
-No, si no estoy sonriendo –respondo, todavía con una sonrisa.
-Sí. ¿En qué piensas? ¿O en quién?
-¿Siempre igual con lo de quién? –Pronuncio más esta palabra–.  No sé cómo decirte que Jesse y yo no tenemos nada.
-¿Quién ha hablado del tal Jesse? ¡Te gusta!
-No, y ya estoy harta de decírtelo.
-Vale, ya paro. Me lo parecía. ¿Acaso no le gustas?
-¡Y yo qué sé! –mentí, pues sabía que sí, pero no quería que siguiese preguntándome más por el tema.
-¿Y a ti él?
-Te juro por mis auriculares, por mi portátil y por mis mixes que no –suelto.
-Ja, ja, tienes una forma muy original de jurar.
-Me ha salido del alma –respondo.
-¡Amy! ¿Dónde está Amy? –pregunta Aubrey, dando vueltas sobre sí misma mirando en todas direcciones buscando desesperada a Amy.
-Aubrey digievoluciona en… ¡Peonzbrey! –digo en un tono no muy alto.

Chloe se descojona y Aubrey mira donde las gradas, en la que una no muy discreta Amy está tumbada cual sirena y aparentemente, extasiada.

-¿Qué demonios haces? –exclama Aubrey, cabreada.
-¡Carrera horizontal! –responde ella, como si nada.
-¡Dios, Amy, me lo estás poniendo muy fácil para echarte del grupo! ¡Levanta tu culo y ponte a correr como las demás!
-Ay… ¿No podríamos meditar o algo así?
-¡Que corraaaaaas! –grita en un tono tan alto que todas nos paramos en seco ojipláticas.
-¡Aaghh! Está bien, descanso de cinco minutos.
-Menos mal, no aguantaba ya tanto esfuerzo físico –dice Amy, reincorporándose.
-¿Esfuerzo físico? ¡Hasta los peces corren más que tú! Y, ¿adivina qué? ¡No tienen piernas! –Aubrey se va de allí y coge su botella de agua.

Cuando Chloe y yo pasamos cerca de Amy, se une a nosotras y suelta en tono de burla, pero en bajo:

-¿Adivina qué? ¡Yo no soy un pez!
-En serio, esa chica tiene que aprender a calmarse –le digo para reconfortarla.


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